jueves, 1 de marzo de 2018

EL LADO OSCURO DE LA MARCHA NORDICA



Decía Don Antonio Machado (Soledades, 1903), tras confesar haber andado muchos caminos y navegado en cien mares, haber visto en todas partes borrachos de sombra negra, … mala gente que camina y va apestando la tierra…

El Maestro constataba, con su ágil y acertada pluma, que todo en la vida tiene un lado oscuro, fruto de la maldad que forma parte de nuestra esencia: el bien y el mal, el ying y el yang, que lo impregna todo. Y la marcha nórdica, su mundo, no iba a ser la excepción.

En nuestra España, los que llevamos tiempo en esto, hemos visto y sufrido estas gentes desde antiguo. Yo los llamo a veces talibanes, por su incapacidad para admitir otros puntos de vista, ya sean referidos a escuelas, técnicas o, simplemente, visiones generales sobre este deporte. Y no sólo no admitir, que eso podría tener explicación, sino, además, atacar y difamar a los que no son de su cuerda.

A veces se parecen más a los fariseos bíblicos, repartiendo excomulgaciones y castigos divinos a diestro y siniestro, a los que ellos deciden que no son suficientemente ortodoxos en su pensamiento o su práxis, desde un supuesto pedestal de perfección que ellos mismos, a nada que se les observe con atención, están bien lejos de alcanzar.

Finalmente, para no olvidarme de mi propia religión en este recorrido por el lado oscuro de las tres monoteístas “del Libro”, a veces se muestran estos pajarracos como inquisidores generales, con licencia para condenar al fuego (tanto al físico como al eterno) a todo aquél que no se ajusta a “sus” normas; normas que, dicho sea de paso, ellos mismos incumplen cada vez que les viene en gana.

No se trata de tres personajes distintos, sino de tres caras de un mismo personaje: el borracho de sombra negra de Machado.

Los que llevamos tiempo en esto, los hemos visto atacar, insistir y persistir. Las redes sociales, con todas sus bondades, son terreno abonado para la supervivencia de esta especie, que ellos dominan, utilizan y manipulan a su antojo para ocultar su incompetencia o para lograr sus fines espurios, bajo escusa de pretender el mejoramiento de la marcha nórdica y de sus practicantes, o de dotarla de un pretendido marchamo de calidad en base al coste económico de su difusión o del material “necesario” para su práctica, que deja a estos personajes, de paso, unos buenos dividendos.

La marcha nórdica es algo muy simple: un ejercicio Lúdico, Sano y Deportivo (LSD Y MARCHA NÓRDICA), apto para todos y para todo, con una técnica sencilla, pero eficaz para obtener el máximo beneficio de la utilización de los bastones, la enseñe quien la enseñe, independientemente de cómo la enseñe. Nadie tiene la llave del calabozo para enseñarla ni practicarla. No hacen falta cursos de 15 horas para iniciarse en su práctica, ni cursos tras cursos para perfeccionar una técnica, simple, que se aprende en menos de cinco horas (los menos coordinados) y se perfecciona sólo con el interés y la constancia del practicante en que tal perfeccionamiento suceda.

Los que van llegando a este mundo pueden ver cosas de difícil explicación, fruto de la perversa actividad de estos elementos, que pueden llevarles a pensar que se han equivocado de deporte; que esto no es tan bueno como se lo habían pintado. Por ellos y para ellos escribo esto hoy: la marcha nórdica es como todo en la vida; también tiene su lado oscuro. Pero todo ying tiene un yang (o viceversa, que nunca he sabido bien quién es quién).



Si seguimos leyendo la poesía de Don Antonio, el Maestro también ha visto en todas partes gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra … y no conocen la prisa ni aun en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino; donde no hay vino, agua fresca. Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan.

Y, a modo de corolario, mi consejo para recién llegados y veteranos hastiados: quedaos con el lado positivo de este deporte, con sus buenas gentes, que las tiene, y en cantidad. Estoy seguro de que no os decepcionará. … Y pasad del lado oscuro. Cuando veáis por ahí cosas raras, dejad de leer, cambiad de frecuencia, dejad a los cuervos que graznen, y sacad los bastones del paragüero. Después de media hora de práctica empezaréis a ver las cosas claras … o de otra manera.

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