lunes, 11 de diciembre de 2017

Zapatillas para la marcha nórdica

Siempre digo a mis alumnos que para practicar marcha nórdica no se necesita un calzado especial. En principio, cualquier zapatilla de running, con una buena talonera y una suela flexible es suficiente para empezar con este deporte.

Sin embargo, cuando prolongamos nuestro tiempo de ejercicio, principalmente porque lo equilibrado y racional de este deporte nos permiten practicarlo más allá de lo que otros deportes nos tenían acostumbrados, y cuando añadimos exigencias especiales procedentes del campo de la competición, es cuando empezamos a percibir la necesidad/conveniencia de que nuestras zapatillas de marcha nórdica tengan algunas características específicas que antes no habíamos echado de menos.

En una zapatilla normal de running, la parte esencial es la zona del metatarso, dónde se produce la principal acción del pie en la carrera. La talonera y la puntera sólo tienen una importancia relativa para los relativamente escasos y poco premiados corredores que siguen practicando la poco eficaz técnica de “talón-planta”.

Para un marchador, la toma de contacto con el suelo se produce coincidiendo con una hiperextensión de la pierna de ataque, haciendo que, en la práctica, la talonera de la zapatilla sea la única amortiguación en ese traumático momento, sin flexiones en tobillo, rodilla y cadera que faciliten la absorción del impacto. Cumple, por tanto, que la zapatilla que elijamos tenga una buena altura, densidad y capacidad de amortiguación en esta zona. También la suela de esta parte de la zapatilla deberá tener una resistencia especial a la abrasión y un perfil que facilite la adherencia al suelo, a cualquier tipo de suelo.

Tras la toma de contacto con el suelo, el marchador cargará todo el peso de su cuerpo sobre la parte exterior del arco plantar, continuando esta fase de carga con otra de equilibrio en la que, ya compartiendo la presión con la zona metatarsiana, el pie de apoyo soporta todo el cuerpo mientras la pierna contraria realiza su transición adelante, en el aire, para iniciar otro paso. Interesa, así, que toda la suela del arco plantar y el metatarso proporcionen al marchador un buen soporte y estabilidad del pie, compensado posibles defectos de apoyos y progresión, y con una capa exterior ancha, que proporcione máxima adherencia, estabilidad y capacidad de expulsión de agua en zonas mojadas, para asegurar una mínima pérdida de impulso.


Tras la carga y el equilibro, el trabajo activo del pie continúa sobre la zona de los dedos, un área que las zaptillas de running no descuidan y, en general, resulta suficientemente válida para los marchadores, aunque exigiría un perfil más “agresivo” en estos últimos, para aprovechar mejor la continuidad del impulso sobre esta zona.


Aquí acaba normalmente la actividad del pie del corredor, sometido a una fuerte inercia que le obliga a una pronta pérdida de apoyo sobre el terreno, para iniciar su fase de vuelo … pero no así para el marchador, que ha de suplir su menor inercia con un empuje prolongado al máximo, en el tiempo y en su superficie de apoyo sobre el suelo. Si nos fijamos en la la capa externa de la suela de la zapatilla, observaremos que esta vuelve hacia arriba al final de los dedos, envolviendo su puntera, la mayoría de las veces con una simple finalidad de adorno (zapatillas de asfalto) o de protección (zapatillas de trail). Pero en una zapatilla de marcha nórdica, esta zona sigue proporcionando una oportunidad de prolongar el impulso tractor, como podemos apreciar por el desgaste que producimos en estas zonas (ver la primera figura). Sólo necesitamos que esta región esté adecuadamente terminada, con la resistencia a la abrasión y la capacidad de adherencia necesaria para que podamos “seguir empujando” hasta conseguir la máxima amplitud de nuestra zancada, compatible con nuestro ritmo sostenible.

Los corredores sufren con frecuencia la desagradable entrada de chinas y pequeños cuerpos extraños en el interior de sus zapatillas. En los marchadores, esto sucede con mucha mayor frecuencia, debido a la proximidad de los pies al rebasarse mutuamente en cada paso, y a la mayor elevación de microelementos del suelo por el prolongado tiempo de contacto y tracción del pie sobre el mismo. Este pequeño, pero molesto, contratiempo se puede soslayar con la simple adición de una ligera, barata y transpirable polaina de tela que, ajustada al tobillo, cierre la embocadura de la zapatilla a estos “intrusos”. El aprovechamiento del final de unas mallas largas viejas, o de unas baratas para niños, colocadas con la parte más ancha hacia abajo, puede ser una buena solución, aunque no es difícil diseñar y coser unas, del color que queramos, tal como hicimos en la bolsa del nordicompetidor de la Nordicartagena 2016. Unas pequeñas tiras de velcro en zapatillas y final de polainas pueden perfeccionar el “invento” y asegurar un cierre más hermético.

La plantilla interior de la zapatilla de marcha nórdica es fundamental, mucho más que para un corredor. Ella es la que nos va a asegurar un perfecto acoplamiento del pie a la zapatilla, corrigiendo posibles defectos de apoyos y progresión, asegurando un buen soporte y sujeción, y complementando la forma y grosor de la suela en las zonas requeridas. En ocasiones, tendremos que suplementar algunas partes de la superficie inferior de las plantillas para conseguir una mejor adaptación a la especial morfología de nuestros pies (no hay dos iguales, ni siquiera en el mismo marchador). Las pequeñas cuñas taloneras que venden en Mercadona me han dado mucho juego, para ayudar a corregir una ligera pronación, una falta de soporte en el arco plantar, un defecto de grosor en la talonera o un exceso de elevación en la parte trasera de las zapatillas, frecuente origen de rozaduras.

Seguimos sin tener (al menos yo no las he encontrado aún) una buenas zapatillas para la marcha nórdica. El mejor intento que he experimentado, las NewFeel Nordic Walking 900 de Decathlon, dejan todavía bastante que desear. Aunque el perfil de la suela es bastante prometedor, el material de la misma resulta demasiado duro, favoreciendo los resbalones sobre superficies mojadas. La superficie exterior de la suela, ligeramente abombada a la altura del metatarso, dificulta la estabilidad del pie, sobre todo en terrenos movidos. La plantilla interior es absolutamente inútil para una zapatilla de marcha nórdica y, de acuerdo con los testimonios de varios lectores de este blog, puede favorecer la aparición de fascitis plantar. Finalmente, el botín interior incorporado para prevenir la entrada de chinas, si bien es relativamente eficaz para dicho extremo, es un verdadero incordio a la hora de introducir el pie en las zapatillas. Vender las zapatillas, sin este botín, junto con unas polainas de las descritas anteriormente habría sido una solución mucho más práctica y barata. Otras zapatillas de esta gama de Decathlon, más baratas, parecen presentar una suela más blanda y son más fáciles de poner. Yo las uso, aunque con una plantilla anatómica en lugar de la que traen.


Pero vuelvo al primer párrafo: para empezar, cualquier zapatilla vale. Lo importante es comenzar: sacar los bastones del paragüero y darles marcha. Luego, prestar atención a las sensaciones y mensajes que recibimos de nuestro cuerpo, para ir mejorando técnica y equipo. De manera que ¡andando, que es gerundio!

3 comentarios:

  1. Hola,
    ¿Sabes de algún lugar donde se puedan comprar las polainas que describes? Las he estado buscando y no las he encontrado.

    Gracias,

    Ángel

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  2. Ángel, es curioso que algo tan sencillo no haya sido todavía comercializado por nadie. Nosotros fabricamos artesanalmente 100 pares para las bolsas del competidor de la Nordicartagena 2016, pero las dimos todas. Sigue mi "brico-consejo" de utilización de finales de mallas largas viejas (o baratas de niño). Dan muy buen resultado. Saludos.

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  3. Desde Jaen
    Polainas Salomón, dan muy buen resultado.
    Sobre las zapatillas que comentas mejor ni nombrarlas para que no haya tentaciones de probarlas.
    Conozco tres personas (yo una de ellas), del modelo caro que si no han ido a la basura, se están utilizando para cuando hay que hacer trabajos domésticos.
    Hasta los cordones y digo CORDONES vienen cortos, no dan de largo para hacer el bucle final para evitar el deslizamiento del pie hacia adelante.
    Saludos.

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