La caminata nórdica es un deporte cuya mayor virtud estriba en la salud que procura a quienes la practican de forma habitual. Al ser tan completa, natural y equilibrada, esta práctica deportiva pone en marcha la mayor parte de los músulos y articulaciones de nuestro cuerpo, trabajándolos de forma armónica y coordinada, rindiendo tanto más cuanto mejor es la técnica utilizada, involucrando todos nuestros sistemas y segmentos con movimientos amplios que no traicionen la naturalidad de la que presumimos.
El aprendizaje y la automatización de la técnica de la caminata nórdica obliga, como todo lo nuevo, a trabajar y memorizar una serie de movimientos individuales que debemos recordar y ejercitar durante nuestra práctica deportiva habitual. Sin embargo, no es hasta que todos esas acciones individuales (agarrar para clavar, prolongar el empuje por detrás de la cadera, etc) engranan en un todo continuo, sin fisuras ni saltos, que conseguimos dominar y, lo que es más importante, aprovechar completamente esa técnica para obtener los resultados perseguidos.
Este es el tema de hoy: La fluidez en la caminata nórdica.
Para mí (como para los maestros de las artes marciales) todo movimiento parte del centro de nuestro cuerpo, en concreto de la parte de la columna vertebral situada por debajo de los hombros y la cadera, incluyendo los músculos que la soportan y mueven, sus tendones y ligamentos.
De la parte superior de ese centro parte el movimiento que subiendo y pasando por el hombro extiende y oscila el brazo adelante, activa los músculos flexores de los dedos para agarrar con fuerza el bastón en el momento de clavar, y regresa hacia el hombro, mientras empuja el bastón hacia atrás, activando los extensores de los dedos, que aflojan el agarre de la empuñadura y pasan el impulso sobre el bastón a la dragonera, regresando el flujo de movimiento a la columna por los grandes músculos del torso, mientras completan la extensión y oscilación del brazo atrás.
Algo similar sucede en cada una de las extremidades inferiores, partiendo el movimiento de la zona dorso-lumbar de la columna, hacia abajo, para proyectar la cadera de ese lado adelante, continuando por la extensión de la rodilla, pasando por la impostación del talón en el suelo, rodando por la cara exterior del arco plantar, metatarso y dedos, impulsando el suelo hacia atrás con el primer dedo (gordo) del pie, y "rebotando" pierna arriba para conseguir la flexión necesaria que permite el paso de esta extremidad hacia adelante, cerrándo el flujo de movimiento en la misma zona de la columna donde se ha de iniciar el paso siguiente.
La coordinación armónica de estos flujos, en un todo continuo, viene, en mi caso, impulsada y regulada por la música que llega continuamente a mis oidos, que hace que mi práctica deportiva sea tan fluida y lúdica que en ningún momento me sienta cansado o aburrido. Seguro que la dopamina producida por el estímulo musical tiene mucho que ver en todo esto.
La "soltura" de hombros y caderas; la desinhibición en el movimiento de ambas cinturas (algo que a vosotras os cuesta menos que a nosotros, pero que por desgracia las convenciones sociales, "el qué dirán", nos coharta bastante a todos) y el perseguir como objetivo una generosa amplitud de movimientos, ayuda enormemente a conseguir que todo el movimiento técnico de la caminata nórdica fluya con naturalidad para llevar a cabo la mejor práctica deportiva que existe y que nos va a procurar los mejores beneficios para nuestro organismo y para el desplazamiento más eficiente.
No sé si he conseguido transmitir lo que quería porque lo de hoy es fácil de sentir, pero difícil de contar, al menos para mí. En cualquier caso, saca los bastones del paragüero (he descubierto que también se puede decir bastonero) y sal con ellos a disfrutar de este deporte maravilloso, soltando hombros y caderas, y dejando que el movimiento fluya por todo tu cuerpo.