Este año se cumplen veinte desde que comencé a utilizar dos bastones en mis caminatas. En este tiempo, he ido evolucionando en la forma de utilizarlos y en los beneficios obtenidos de su uso.
Mi primera aproximación a estas maravillosas herramientas, como he comentado más de una vez, fue en busca de ayuda para mis extremidades inferiores ante el reto que me proponía afrontar al año siguiente (2007), cuando crucé el Pirineo de costa a costa, sobre el GR11.
Durante mi preparación para este desafío (que no me cansaré de recomendar a cuantos me lean o escuchen), a menudo me pararon montañeros y paseantes por la sierra madrileña, dónde realizaba mi preparación, para preguntarme si andar con dos bastones era mejor que andar con uno (tan extraña resultaba esa opción en aquella época).
La ayuda para mis piernas por parte de los bastones fue inmediata, generosa y nada artificiosa. La técnica utilizada fue la natural, derivada de andar sin bastones, introduciendo a éstos en el braceo normal de la marcha, moviendo cada brazo en coordinación continua con la pierna opuesta, cayendo el bastón al suelo con el pie contrario y permaneciendo allí hasta que dicho pie completaba su impulso. Coordinación es la palabra clave para esta primea aproximación a andar con bastones, en la que no me preocupaba mucho de que éstos apoyaran mi desplazamiento (impulsar, frenar), más allá de ayudar a mis piernas a soportar el peso de mi cuerpo y mi mochila.
Por aquella época tuve mis primeros encuentros con la marcha nórdica. Fue leyendo sobre este novedoso ejercicio cómo comprendí que los bastones podían hacer por mí mucho más que ayudar a mis piernas a soportar mi peso (y el de mi equipo). Los bastones podían (apoyándolos en el lugar correcto y con la inclinación adecuada) hacer mi desplazamiento mucho más eficiente. Así, fui instruyéndome en la forma de andar eficientemente con bastones, siendo las palabras clave para esta etapa: apoyo e inclinación. Tendría que profundizar más en ese mundo de la marcha nórdica para llegar a comprender que esto iba mucho más allá del simple caminar, por muy apoyado que estuviese por esos bastones.
Y profundicé, leyendo y asistiendo a cursos on-line y presenciales, probando y practicando, hasta asimilar que los bastones, además de una ayuda al soporte y el desplazamiento, son herramientas ideales para, utilizadas en conjunción con la marcha natural, poner en movimiento y ejercitar la práctica totalidad de los músculos y articulaciones de nuestro cuerpo, no sólo de nuestras extremidades, sino, lo que es más importante, del torso, con la columna vertebral y todos sus músculos y articulaciones. Para conseguirlo, era necesario utilizar una técnica, natural y racional, pero imprescindible para lograr que la marcha nórdica se convirtiera en el deporte más completo y equilibrado. Esta es la etapa que yo llamo de marcha nórdica, en la que la palabra clave es: técnica. Hasta que no se entiende toda la importancia de esta palabra no se puede hablar de que hayamos comprendido la esencia y el alcance de este deporte, ni que lo estemos practicando verdaderamente.
Aquí desembarca mi definición de marcha (caminata) nórdica: andar de forma natural y dedicada, utilizando dos bastones con una técnica que nos permita obtener el máximo beneficio de su uso. O dicho con otras palabras, es el ejercicio psico-físico que consiste en caminar usando dos bastones para apoyar nuestra progresión al tiempo que ejercitamos el mayor número posible de músculos y articulaciones de nuestro cuerpo.
Pero la marcha nórdica, con ser tan completa, adolece de un defecto que le dificulta su instalación en nuestras vidas como deporte ideal. Todo deporte, para considerarse ideal, aparte de ser saludable (que no produzca lesiones), completo (que mueva todo nuestro cuerpo), equilibrado (que no ejercite una parte del cuerpo más que las demás), adaptable (que pueda ser practicado independientemente de la forma física del practicante), económico (que su práctica no afecte demasiado al bolsillo), fácil de practicar (sin técnicas ni herramientas complicadas), en cualquier momento y lugar, precisa que su práctica sea lúdica. Es decir, que no nos aburra.
La mayoría de deportes, para evitar que nos cansemos de ellos, recurren a la práctica en grupos, más o menos numerosos, o a la competición. Sin embargo, la marcha nórdica, dada la concentración que exige su práctica (ejercicio psico-físico) y el riesgo de la utilización de herramientas que pueden suponer un cierto peligro para otros practicantes en nuestra proximidad, no es un deporte adecuado para grupos ni competiciones en las que el factor determinante es la velocidad. Entonces, ¿cómo conseguir una práctica lúdica de este gran ejercicio?
La respuesta me vino de forma natural, quizá por mi condición de militar y la costumbre de marchar acompasado al ritmo de la música. Por otro lado, desde mi formación como profesor de educación física, me llamó grandemente la atención (y practiqué con asiduidad) un sistema de entrenamiento llamado fartlek (palabra sueca referida a variaciones de velocidad), basado precisamente en frecuentes cambios de intensidad en el ritmo durante los entrenamientos.
Nada más natural y agradable (lúdico) para mí que realizar mi práctica habitual de marcha nórdica “amenizado” por una música agradable y variada, que me ayuda a mantener mi concentración en la técnica, al tiempo que facilita mi entrenamiento a diferentes ritmos. Así nació mi afición por este deporte (¿de mi invención?) que yo bauticé como Fartlek Nórdico Musical, que es el que llevo practicando ya más de quince años, que yo considero el mejor que existe, para cualquier edad y condición física, que no me canso de practicar, y que os vuelvo a recomendar desde aquí.
En mis cursos de iniciación a la marcha nórdica suelo terminar haciendo una pequeña introducción a esta práctica deportiva que tanto me gusta. Dado que la utilización de bastones para el desplazamiento y la marcha nórdica (en su sentido más “desenfadado”) es ya conocida por gran parte de la población, he observado que la asistencia a dichos cursos ha disminuido (perdido atractivo) en los últimos meses (pienso que porque no he sabido trasladar al público en general la importancia de la técnica, o porque dominarla exige tiempo). Por todo ello, me estoy planteando “evolucionar” en el contenido de los próximos cursos de iniciación, de “marcha nórdica” a Fartlek Nórdico Musical, para poner esta maravillosa herramienta de entrenamiento y mantenimiento a disposición de quienes quieran descubrirla.
Veremos qué pasa.

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