Aunque
pensando con lógica pueda parecer mentira, es un hecho más que
probado que, hasta la fecha y de forma general, la mayoría de la
gente anda más rápido sin bastones que con ellos. Mientras que la
“élite” de nordimarchadores españoles no consigue bajar de los
6’/km en las competiciones oficiales, los marchadores atléticos
andan por debajo de los 4’/km y existen registros documentados y
avalados por árbitros de la Federación Española de Atletismo de
registros bien por debajo de los 5’/km, tanto por Tony Vázquez
como por Bernabé Rodriguezy y otros “nordimarchadores” de
principios de la década pasada.
Todo
esto fue antes de que los “gurús” de nuestro
deporte decidieran que lo que
estos dos portentos físicos hacían no era marcha nórdica (MN),
a pesar de que fuesen andando (es indudable que no corrían) con
bastones que seguían en todo momento la acción del pie contrario, y
los desposeyeran vergonzantemente de tan meritorios records,
pasándose por el arco del triunfo el principio fundamental del
derecho relativo a la irretroactividad de las leyes.
No
tuve la suerte de ver en acción al señor Vázquez, pero sí que he
observado, grabado y analizado profusamente la técnica de D.
Bernabé, de quien puedo asegurar que no le he “pillado” nunca
con los dos pies en el aire, aunque no pueda decir lo mismo de los
bastones. Pero, repito, en aquél momento no había nada escrito
sobre este asunto.
También
es cierto que marchaba con el centro de gravedad bastante bajo, algo
parecido a la forma de andar de Groucho Marx. Esto, que ahora se
penaliza en el Reglamento de Competiciones de MN de la Federación
Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), “5.7 - No
está permitido bajar el centro de gravedad del cuerpo flexionando
ambas piernas”, aunque en ninguna parte el citado Reglamento
cuantifique hasta qué punto se pueden flexionar las piernas, o “5.9
– No está permitido … deslizarse…”, aunque tampoco este
extremo quede aclarado en forma alguna, sin duda no era penalizable
en el momento de sus proezas.
No
cabe duda de que esa forma de andar, a lo Groucho, o con paso
deslizante, que dicen los franceses (quienes, por cierto, definen
claramente hasta dónde se pueden flexionar las piernas), parece poco
natural, aunque el hecho de que ambos atletas lo hicieran durante
pruebas de mas de 12 horas sin lesiones ni repercusiones musculares
negativas, nos hacen, como poco, cuestionarnos la falta de
naturalidad de su técnica.
Sea
como fuere, dejo aquí constancia, una vez más de lo injustamente
que se trató a estos campeones, desposeyéndolos de un montón de
records mundiales, y tratándolos poco menos que de tramposos, cuando
no existía ningún reglamento que violar, e incluso la Federación
Internacional de Marcha Nórdica (INWA) corrió a celebrar sus
hazañas, … casi con la misma celeridad que luego corrió a
vituperarlas.
Como
he reseñado, queda claro que ambos andaban como andaban sin utilizar
sus bastones de forma activa, tal como “apunta” el citado
Reglamento en el segundo párrafo de su definición de MN, donde
aclara que “En la marcha nórdica no se puede correr, se debe
mantener en todo momento al menos un pie y un bastón en contacto con
el suelo utilizando los bastones activamente, sin arrastrarlos,
efectuando la técnica diagonal que consiste en el apoyo en todo
momento de cada bastón en acción con el pie contrario.”
En
línea con la constante indefinición de los extremos prescritos por
este deficiente Reglamento, en ninguna de sus partes define en qué
consiste dicha “utilización activa”. De la no menos pobre
definición de técnica diagonal que aparece en la explicación que
sigue a la prescripción de no arrastrar los bastones, en el párrafo
anterior, se podría deducir que el “apoyo en todo momento de cada
bastón en acción con el pie contrario” significa que mientras
empujamos con un pie, debemos hacer lo propio con el bastón
contrario.
Los
bastones, en marcha nórdica, deben proporcionarnos en todo momento
sostén, equilibrio y apoyo al desplazamiento. En una superficie
plana o con ligeras pendientes, esto último se consigue apoyando el
bastón por detrás del pie adelantado, de manera que la
descomposición de la fuerza aplicada en la dirección del eje del
bastón nos proporcione una componente horizontal que ayude, de forma
activa, a ese desplazamiento cuyo motor principal es el pie
contrario.
Pero
¿cómo puede un árbitro asegurarse de que el competidor está
utilizando los bastones activamente? Es decir, ¿cómo podemos
asegurar, desde fuera, que el competidor está realmente ejerciendo
una fuerza en todo momento en la dirección del eje del bastón
inclinado y apoyado por detrás del pie adelantado?
Sólo
un dinamómetro que mida esta fuerza y emita algún tipo de señal,
visible desde el exterior, podría garantizar el extremo apuntado en
el párrafo anterior. Un sistema parecido al que se utiliza, desde
hace mucho, en esgrima, para marcar los “tocados”, que conectase
ambos bastones de manera que cuando coincida una falta de presión
sobre los dos, o dicha presión no supere unos valores mínimos
determinado, el árbitro sepa que los bastones no se están
utilizando activamente.
Mientras
se dispone de dicho sistema (que por otro lado pienso que, con la
tecnología actual, no debe ser difícil ni caro), debemos fijarnos
en lo único que dice el Reglamento al respecto, en su apartado 5,
“5.4 - La fase de impulso: (movimiento del brazo hacia atrás), la
mano rebasará la cadera liberando la empuñadura antes de ir
hacia delante. 5.5 - La fase de recobro: (movimiento del brazo hacia
delante) el codo rebasará el torso antes de ir hacia atrás.“
Estas
prevenciones aseguran un movimiento de la empuñadura del bastón
atrás y adelante, pero, desafortunadamente, no garantizan que se
ejerza fuerza a lo largo del eje del bastón. Esta falta de
garantías, junto con el interés competitivo, por encima de la
preservación de la técnica, hace que tanto para árbitros como para
competidores sea un asunto menor el que se empuje o no activamente el
bastón.
Así,
esto
se traduce en un exceso de competidores que realizan un movimiento
rápido de los brazos, parecido al de corredores y
marchadores atléticos,
susceptible de ayudar a la marcha rápida, pero prácticamente inútil
para impulsarse con los bastones. El codo casi nunca pasa por delante
del torso, y sin embargo, se eleva inútil y exageradamente tras la
espalda para conseguir que la mano rebase las
caderas,
sin empujar los bastones que, para ellos, no
son más que
un estorbo.
La
acción sobre el bastón, que como
hemos visto en
la técnica diagonal, debe acompañar en todo momento la acción del
pie contrario, se ejerce primero clavándolo
y tirando de la empuñadura, para continuar después empujando sobre
la dragonera, ejerciendo la fuerza en la dirección que marca el eje
longitudinal del bastón inclinado entre unos sesenta y cincuenta
grados. Este vector de fuerza tiene un componente vertical, que
proporciona al nordimarchador soporte
y equilibrio, y un componente horizontal, que le proporciona impulso
para progresar. Clavar el bastón sin adelantar el codo al torso y,
sobre todo, elevar el codo por detrás de la espalda, limita
enormemente dicho impulso, impidiendo el uso activo de los bastones y
que éstos apoyen “en todo momento la acción del pie contrario”
.
Una
regla a añadir al Reglamento, que podría ayudar a los árbitros a
hacer cumplir la prescripción de utilización activa de los
bastones, observable externamente, sería que
durante
la fase de empuje, el codo no rebase la vertical de la cadera antes
que la mano.
Y
por supuesto, que la mano no esté siempre por encima de la
línea imaginaria descrita por las caderas en su desplazamiento.
Y
ya vale de técnica por hoy. Ahora, saca los bastones del paragüero
y disfruta con ellos y con este deporte que es salud en grado
superlativo, sobre
todo haciendo una buena técnica.